Regresé a mi casa sola, con los pies descalzos. En mis
manos, dejaba caer cada uno de mis tacones. Mi alma. Mi alma ni siquiera sé
quien la sujetaba. Creo que mi cuerpo dejó de hacerlo esa noche. Lo peor que
hice fue tumbarme en la cama, y escuchar esa canción que tanto me recordaba a
ti. A cuando estábamos juntos, y el mundo no existía. No quise escuchar otra.
Quizá porque era la única manera de sentirte cerca. Lo necesitaba. Te
necesitaba. Más que nunca. Me preguntaba donde podría encontrar ese lápiz, que
antes solía escribir nuestra historia. Hubiese hecho cualquier cosa por cambiar
ese final. Un final que acababa conmigo en todos los momentos del día. Pero más
por las noches, cuando mis ganas te llamaban.

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